Detox
Estaba cansado de sentirme ansioso, triste, desganado…. y llevo meses (por no decir años) identificándo qué cosas son las que me provocaban ese mal. Y creo que ya he llegado al límite de todo, mi mente lo único que quiere es sentir paz. Por eso, he decidido de una vez por todas, eliminar de mi vida todo aquello que me hace mal.
Café, mi peor enemigo. Creo que es de las cosas que más llego a extrañar (ahorita muero de ganas de una leve dósis de cafeína). Pero ya sé que ese boost de energía, vendrá acompañado de impulsividad, ansiedad, y de no poderme sentir tranquilo y despertar al día siguiente cansado. Creo que en retrospectiva, todo lo que implica bebidas energizantes siempre vienen acompañadas de la peor parte de mí: Un Roberto explosivo, agresivo, impaciente, obviamente muy energético y feliz, pero mal encaminado puede ser una experiencia poco agradable convivir conmigo. Y creo que eliminar a ese Roberto es mi principal objetivo.
Entonces sí, adiós cafésitos… adiós matcha, y cualquier cosa que me haga sentir una ligera taquicardia. Es cagado, porque son sustancias tan normalizadas, que creo que no te das cuenta del impacto que generan en tu cerebro, hasta que realmente te ves desde afuera y analizas tu rendimiento emocional día con día. Es una sustancia, que por su forma de alterarme, me termina generando problemas con mis relaciones interpersonales, y veo menos beneficios, anque a veces sí extraño sentirme imparable o estar muy concentrado. Igual sé que esto es temporal, y poco a poco mi cerebro volverá a calibrarse, a funcionar como antes, pero de manera más tranquila y ordenada, como aquél Roberto del 2018.
El alcohol.…. fue difícil llegar a esta decisión, pero el jueves pasado que salí con mi amigo y al día siguiente desperté sintiéndome terrible, creo que fue un evidente “hasta aquí.” Con el alcohol por supuesto me la paso muy bien, de hecho me encanta su sabor. Nada como una deliciosa cerveza artesanal, o un gintonic, qué te digo del mezcal y tequila, o champaña. Me divierte mucho tomar, pero el problema que tengo es el día siguiente. Mi cuerpo ya no lo aguanta, me siento destruído, desganado, sin ganas de hacer nada. Está empezando a afectar mi productividad, y ahora no me puedo dar ese lujo.
Y bueno… a veces me hace tomar decisiones un poco menos racionales, hablar con más honestidad, o escribirte. Necesito claridad en mi vida, y ya no quiero sentirme mal. Con esa ansiedad o sentimiento de haber hecho algo mal, cuando muchas veces sólo es el trip mental por culpa de la cruda.
Las drogas… esas sí ya adiós. Ya tengo identificadas cada una de ellas, cuáles me gustan, cuáles no, pero…. no sé, ahorita me quiero sentir lo más sobrio posible. Afrontar la realidad creo que le dicen. Y pues bueno, aunque nunca me he considerado adicto (gracias a dios nunca he invertido dinero en eso), sí he tenido bastante acceso a este tipo de cosas, sobretodo por el medio en el que me muevo, pero wey, ya basta. Si el bajón por el alcohol es feo, el de las drogas es una jodida mierda.
No entiendo para qué jodernos tanto la mente, ¿por qué tenemos tan normalizado todas estas sustancias? Todos mis conocidos le dan a todo en exceso, y me preocupa porque es extraño ya conocer a alguien que no te vea feo por decir “no quiero tomar”. Y digo, no juzgo. El viernes estuve en una reunión con varias personas, entre todos se estaban dando durísimo con Ketamina y otras cosas, y no es que me espante, obvio la he probado y sé que la podría pasar bien, pero muy en el fondo dije, ¿para qué?
Me gustó haberme mantenido firme y no entrar en esa dinámica, me siento orgulloso que ya hasta estoy cambiando. Ya hasta cuando me ofrecen una cerveza, prefiero pedirles un vasito con agua.
El agua es mi mejor aliado, cuando tengo esas ganas de tomar un café, voy directamente por un vaso con agua. Dicen que el agua limpia todo, y quiero ahorita empezar a cuidar mi cuerpo. Pero bueno… ¿qué llevó a Roberto decidir todo esto?
Estoy cansado del drama, de los problemas, y de tantas circunstancias que llevan dirigiendo mi vida en “automático”. Creo que debo empezar a ser más consciente, comunicar lo que sí me gusta, lo que no, lo que tolero, y lo que convivo por compromiso. Y para eso, necesito SER YO. No el Roberto enfiestado, no el Roberto alcoholizado, no el Roberto high, no el Roberto ansioso por cafeína. Quiero ser yo, porque creo que la persona que puedo ofrecer va más allá de estas sustancias que nos dan “herramientas” para deshinibirnos y desconectarnos de nuestra realidad.
Necesito cambiar mi entorno (ya lo hice), mis hábitos (lo estoy logrando), mi realidad.
Y bueno, eso implica alejarme un poco de ciertas amistades, y sobretodo ponerme a prueba. Toca seguir negando salidas que impliquen exceso, o negando vasos de alcohol, o un cafesito para echar el chisme. Me mantendré firme.
Y por último… un detox de ti. Que aunque no lo creas, siempre estoy al pendiente de ti. Por eso… creo que es mejor alejar un ratito mi mente de ti. No tiene sentido estarme torturando contigo. ¿Qué gano? No va a cambiar nada, al menos eso ya me lo demostraron estos meses. He sufrido tanto… y seguimos igual, cada quién en su rollo, y cada vez te siento más lejos. Me voy a dar otra oportunidad….
Ni siquiera sé si quiero conocer gente, ya se me ha dado bastantes chances y… no me interesa. Podré tener encuentros… pero esa conexión más profunda no se ha vuelto a repetir.
Creo que el desafío es terminarme de querer, y crear esa nueva versión de mí exitosa, que rige sus pasos con sabiduría y claridad. Quiero sentirme en paz. Así como me sentía hace años…. y es que me he dado cuenta, que cuando me encuentro en mis mejores momentos, es cuando llegan las personas que realmente valen la pena.
Y creo ser una persona que vale la pena, sólo debo seguir con la mente clara, y con este plan de detox. La primer semana es la difícil, pero ahí vamos… sí empiezo a sentirme un poquito más tranquilo y menos impulsivo. Ya todo lo digo desde el corazón, no tanto desde el ego. Véamos como se desenvuelve mi comportamiento en el transcurso de estos días.